Ciudadanos MADRID

Platón y la LOGSE

Debate sobre educación básica y media, 9-10-2008

José Sánchez Tortosa

 

 

José Sánchez Tortosa presentado por Carmen Galán

José Sánchez Tortosa presentado por Carmen Galán

El profesor Sánchez Tortosa propuso una lectura platónica del marco jurídico del sistema educativo, de la LOGSE, implantada en los años 90. La LOGSE pretendía ser una reforma explícita del sistema educativo distanciándose ideológicamente del sistema anterior, la ley de educación de los años 70, llamada de Villar Palasí.

La LOGSE se basa en dos principios: la escuela comprehensiva y la flexibilidad curricular. En los textos preparatorios de esta ley, se atribuye y reprocha repetidamente al sistema anterior el “excesivo academicismo”. Como contrapartida, en la nueva ley se da mucho peso al mundo de lo afectivo, que responde a la vocación de acoger en el ámbito escolar a la totalidad de los alumnos. De ahí la flexibilidad curricular, la concepción de una escuela que debe adaptarse a los alumnos, al tiempo que la vida escolar obligatoria se prolonga de los 14 a los 16 años.

En la Grecia antigua, se dieron dos modelos diferentes de academia: la escuela pitagórica y la escuela platónica. La diferencia entre ellas radicaba en que en la pitagórica, además del estudio de las matemáticas, por el que es más conocida, todos compartían la misma visión del mundo. En este sentido eran una especie de secta. En cambio, en la escuela de Platón no se compartían claves que fueran más allá de lo racional. Para Platón, la escuela confía en los propios procedimientos racionales que, de por sí, van a generar mejores ciudadanos. Es básica la distinción entre lo público y lo particular. De la raíz griega que señala lo particular viene precisamente el término “idiota”. El “idiota” es el que, por quedarse en lo particular, renuncia a desarrollar al máximo sus capacidades. La filosofía es la pura ejercitación de la racionalidad, proceso en el que se deshace de las cadenas de lo particular que obstaculizan el pensamiento.

Lo “idiota”, lo particular, es lo que conforma grupo, lo que establece nexos que dejan de ser racionales. Por eso, según Platón, la muchedumbre nunca podrá ser filósofa. Por oposición a lo particular, lo común es la pura racionalidad y está reservada a individuos heroicos.

Frente a esta concepción platónica de la educación, la LOGSE  penaliza lo común, la racionalidad, y se premia lo particular, lo emocional, lo “idiota”.

Este predominio de lo emocional, este foco en los sentimientos del niño, tiene consecuencias como la promoción automática, que se ha revelado nefasta por diversos motivos. La escuela como institución se ha venido abajo, entre otras cosas, por carecer de herramientas disciplinarias. El resultado ha sido que se ha democratizado la idiotez, lo particular, y no el conocimiento (para Platón, en cambio, lo verdaderamente democrático es lo racional). El sistema se ha sofisticado de tal modo que consigue servidumbre bajo una pantalla de libertad. El mayor nivel de vida alcanzado por la población, la facilidad para opinar que ofrecen los medios de comunicación en la actualidad, produce una sensación de libertad, que oculta en realidad la sofisticación de la servidumbre.

En la LOGSE es fundamental lo “idiota”, los sentimientos y emociones del niño, pero si se da rienda suelta a lo individual no puede haber una conexión común. Si se pretende hacer felices a los niños, el “matemático” sobra, y su lugar pasan a ocuparlo psicólogos y pedagogos, que son los que tienen la última palabra.

La paradoja de la democracia es que la masa no puede ser demócrata porque la multitud como tal no quiere aprender, no quiere ser filósofa. Por el contrario, las masas suelen alimentar sus cadenas. Las masas alimentan sus propia sumisión. Las únicas armas para combatir la “idiotez” es la pasión del conocimiento, la única que libera realmente, pero que requiere un esfuerzo. En el ambiente social actual, heredero de la revolución del 68, todo rigor o disciplina pasa por ser reaccionario. Hay que obligar a ser libres por medio del esfuerzo del conocimiento. No parece que el sistema educativo actual vaya en esta línea. Al contrario, el ambiente social produce una infantilización de los ciudadanos a través de la prolongación de la vida escolar y de la escuela comprehensiva, flexible y diversificada, una escuela en la que el profesor ha desaparecido, en la que ya no desempeña un papel relevante para el alumno. La escuela actual se ha convertido en un instrumento de orden público, se trata de reunir a los adolescentes, en “edad peligrosa”, entre 4 paredes. Como consecuencia, se democratiza la estupidez. Las personas con menos posibilidades económicas son las sacrificadas en este sistema. Hoy la escuela ha perdido sentido técnica y socialmente.

Otra cuestión es si, además de educar, la escuela ha de formar. Para Platón, la educación tiene que ser forzosamente matemática, es decir, racional: esto bastará para hacer buenos ciudadanos. Sin embargo, el ambiente social va por otro camino. El proceso de infantilización de la población está alcanzando ya una segunda fase, y el Estado ya se arroga la educación de los adultos. Estos se convierten en consumidores con derecho a voto, pero no en ciudadanos. En un ambiente así, el que destaca por su esfuerzo, se hace sospechoso.

En conclusión, para Sánchez Tortosa, la escuela debería hacer “creyentes” en el pensamiento racional. Es el único camino para no caer en el fanatismo y la demogogia.

 

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